jueves 27 de septiembre de 2007

EN DEFENSA PROPIA

A Rafael de León

Sea piadoso el lector con estos textos que, mucho me temo, separados contranatura de las melodías que les sirvieron de soporte, van a quedarse un tanto desabridos, como puchero de pobre. Es bien sabido que un buen poema no puede ser (y, con frecuencia, no es) una buena letra de canción. Y viceversa, que es el caso.

Pues bien, habiendo dedicado los últimos diez años a escribir canciones, a cantarlas en el escenario, a editarlas en disco, verlas ahora agrupadas en este libro me produce una perplejidad (y también una excitación) sólo comparable a la de Rodrigo de Triana en el momento de divisar el nuevo continente entre la bruma. Sospecho que no faltará quien, en el mejor de los casos, encuentre este volumen prescindible; otros, más aviesos, lo hallarán petulante. Puede que sea ambas cosas, y algunas más. Pero me lo pidió Luis García Montero, que es "mi compa", y se edita en Granada que es mi paraíso perdido (reencontrado ahora) y el diseño es de Juan Vida y...

Naturalmente que el título es también una coartada, y esto, más que un prólogo, es eso que se llama "curarse en salud". He seleccionado ("de lo cantado") no lo mejor, sino lo "más legible", una vez asilado de la música; ojalá el lector vuelva a unir, en su cabeza, lo que acaso nunca debió separarse: hay algunas letras inéditas ("delo no cantado todavía") y otras (pocas) que han cambiado con respecto a su versión discográfica. Por fin, el puñado de textos que cierra el libro ni llegaron en su día a ser canciones ni apiran a pasar, ahora, por poesía; son exactamente lo que su nombre indica, es decir, versos nacidos "en los márgenes" del papel pautado, ejercicios juguetones para liberar un poco la imaginación y la pluma del estrecho, del implacable corsé (ritmo, rima, estribillo, etc.) que el género canción exige. Con ellos no pretendo tener "de poeta la gracia que no quiso darme el cielo" sino, más bien, proporcionar al aficionado algunos materiales marginales y distintos a los que ya conoce por los discos y, de paso, colarme en bicicleta por la puerta falsa en las librerías; embuido en este hermoso maillot amarillo que me viene más bien grande.

Lo del árbol y el hijo... para más adelante.

J.S.
Granada, noviembre, 1985

De lo cantado

Pongamos que hablo de Madrid

Allá donde se cruzan los caminos,
donde el mar no se puede concebir,
donde regresa siempre el fugitivo...
pongamos que hablo de Madrid.

Donde el deseo viaja en ascensores
curo yo las heridas que sufrí
rodando por sus negros escalones...
pongamos que hablo de Madrid.

Las niñas ya no quieren ser princesas
y a los niños les da por perseguir
el mar dentro de un vaso de ginebra...
pongamos que hablo de Madrid.

Los pájaros visitan al siquiatra,
las estrellas se olvidan de salir,
la muerte viaja en ambulancias blancas...
pongamos que hablo de Madrid.

El sol es una estufa de butano,
la vida un metro a punto de partir,
hay una jeringuilla en el lavabo...
pongamos que hablo de Madrid.

Cuando la muerte venga a visitarme,
no me despiertes, déjame dormir,
aquí he vivido, quí quiero quedarme...
pongamos que hablo de Madrid.
Calle Melancolía

Como quien viaja a lomos de una yegua sombría,
por la ciudad camino, no preguntéis adónde,
busco acaso un encuentro que me ilumine el día
y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden.

Las chimeneas vierten su vómito de humo
a un cielo cada vez más lejano y más alto,
por las paredes ocres se desparrama el zumo
de una fruta de sangre crecida en el asfalto.

Ya el campo estará verde, debe ser primavera,
cruza por mi mirada un tren interminable,
el barrio donde habito no es ninguna pradera,
desolado paisaje de antenas y de cables.

Vivo en el número siete, calle Melancolía,
quiero mudarme hace años al barrio de la Alegría
pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía.

Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido
que viene de la noche y va a ninguna parte,
así mis pies descienden la cuesta del olvido,
fatigados de tanto andar sin encontrarte.

Luego, de vuelta a casa, enciendo un cigarrillo,
ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama,
me enfado con las sombras que pueblan los pasillos
y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama.

Trepo por tu recuerdo como una enredadera
que no encuentra ventanas donde agarrarse, soy
esa absurda epidemia que sufren las aceras,
si quieres encontrarme, ya sabes dónde estoy.

Vivo en el número siete, calle Melancolía,
quiero mudarme hace años al barrio de la Alegría
pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía.
Negra noche

La noche que yo amo es turbia como tus ojos,
larga como el silencio, amarga como el mar;
la noche que yo amo crece entre los despojos
que al puerto del fracaso arroja la ciudad.

La noche que yo amo tiene dos mil esquinas
con mujeres que dicen "¿me das fuego chaval?",
y padres de familia que abren sus gabardinas
la noche que yo amo no amanece jamás.

Negra noche, no me trates así,
negra noche, espero tanto de tí,
noche maquillada, como una maniquí,
noche perfumada con pachulí.

La noche que yo amo es un sótano oscuro
donde van los marinos que quieren naufragar,
hay siempre algún borracho sujetando algún muro,
llamas de madrugada y te dejan entrar.

Los profetas urbanos salen de sus guaridas
cuando la noche calza sus botas de metal
y bailan agarrados el loco y el suicida,
la noche que yo amo no amanece jamás.

Negra noche, no me trates así,
negra noche, espero tanto de tí,
noche maquillada, como una maniquí,
noche perfumada con pachulí.
Qué demasiao

Macarra de ceñido pantalón,
pandillero tatuado y suburbial,
hijo de la derrota y el alcohol,
sobrino del dolor,
primo hermano de la necesidad.

Tuviste por escuela una prisión,
por maestra una mesa de billar,
te lo montas de guapo y de matón.
de golfo y de ladrón
y de darle al canuto cantidad.

Aún no tienes años pa votar
y ya pasas del rollo de vivir,
chorizo y delincuente habitual
contra la propiedad
de los que no te dejan elegir.

Si al fondo del oscuro callejón
un bugatti te come la moral,
a punta de navaja y empujón
el coche vacilón
va cambiando de dueño y de lugar.

Que no se mueva nadie -has ordenao-
y van ya quince atracos en un mes.
tu vieja apura el vino que has mercao
y nunca ha preguntao
de dónde sale todo este parné.

La pasma va pisándote el talón,
hay bronca por donde quiera que vas,
las chavalas del barrio sueñan con
robarte el corazón
si el sábado las llevas a bailar.

Una noche que andabas desarmao
la muerte en una esquina te esperó,
te pegaron seis tiros descaraos
y luego desangrao
te ingresaron en el Piramidón.

Pero antes de palmarla se te oyó
decir "qué demasiao,
de esta me sacan en televisión".

(En colaboración con José Ramón Ripoll)
Ciudadano cero

Sé de nuestro amigo
lo que andan diciendo
todos los diarios,
está usted perdiendo
su tiempo conmigo,
señor comisario.

Era un individuo
de esos que se callan
por no hacer ruido,
perdedor asiduo
de tantas batallas
que gana el olvido.

Yo no les pregunto
nunca a mis clientes
datos personales,
me pagan y punto,
pasa tanta gente
por estos hostales.

Nunca dio el menor
motivo de alarma,
señor comisario,
nadie imaginó
que escondiera un arma
dentro del armario.

Ciudadano cero,
¿qué razón oscura te hizo salir del agujero?,
siempre sin paraguas, siempre a merced del aguacero,
todo había acabado cuando llegaron los maderos.

Aquella mañana
decidió que había
llegado el momento;
abrió la ventana
rumiando que hacía
falta un escarmiento.

Cargó la escopeta,
se puso chaqueta
pensando en las fotos.
Hizo una ensalada
de sangre aliñada
con cristales rotos.

Dejó un gato cojo
y un volkswagen tuerto
de un tiro en un faro,
no tuvo mal ojo,
diecisiete muertos
en treinta disparos.

Cuando lo metían
en una lechera,
por fin detenido,
"ahora -decía-
sbrá España entera
mis dos apellidos".

Ciudadano cero,
¿qué razón oscura te hizo salir del agujero?,
siempre sin paraguas, siempre a merced del aguacero,
todo había acabado cuando llegaron los maderos.
Kung-Fú

Botas altas, cazadora de cuero
con chapas de Sex Pistols y los Who,
silbando salen de sus agujeros
los pavos de la banda del Kung-Fú.
Desde el suburbio, cuando el sol de va,
a lomos del hastío y la ansiedad,
vienen buscando bronca a la ciudad.

Dile a tus hijas, hombre de la calle,
que escondan su virtud y su reloj,
cierra tu simca mil con siete llaves,
da la alarma si tarda el ascensor,
duerme vestido, no apagues la luz,
guarda el radio cassette en un baúl,
que anda suelta la banda del Kung-Fú.

Las motocicletas
que mangaron anteayer
los conducen hasta Lavapiés.
Seis tubos de anfetas,
dos farmacias, un tirón,
si se tercia, alguna violación.

Al ritmo de guitarras asesinas
se juegan el destino a cara o cruz,
en El Caso ha leído una vecina
que ha caído la banda del Kung-Fú.
Podrán dormir tranquilos otra vez,
ahorrar unas pesetas cada mes,
trabajo de rutina para el juez.

Del pub a la trena,
no conocen otro hotel
que la quinta de Carabanchel.
Se cortan las venas,
se tragan vidrios con tal
de que los lleven al hospital.

¿Qué importa si revientan algún día?
Mientras estén las cosas como están
sus colegas de Aluche o Entrevías
la ley de la navaja heredarán.
Desde el suburbio, cuando el sol se va,
a lomos del hastío y la ansiedad
vendrán buscando bronca a la ciudad.
Princesa

Entre la cirrosis
y la sobredosis
andas siempre, muñeca.
Con tu sucia camisa
y, en lugar de sonrisa,
una especie de mueca.

¿Cómo no imaginarte,
cómo no recordarte
hace apenas dos años?,
cuando eras la princesa
de la boca de fresa,
cuando tenías aún esa forma
de hacerme daño.

Ahora es demasiado tarde, princesa.
Búscate otro perro que te ladre, princesa.

Maldito sea el gurú
que levantó entre tú
y yo un silencio oscuro,
del que ya sólo sales
para decirme -"vale,
déjame veinte duros".

Ya no te tengo miedo,
nena, pero no puedo
seguirte en tu viaje,
cuántas veces hubiera
dado la vida entera
porque tú me pidieras
llevarte el equipaje.

Ahora es demasiado tarde, princesa.
Búscate otro perro que te ladre, princesa.

Tú que sembraste en todas
las islas de la moda
las flores de tu gracia,
cómo no ibas a verte
envuelta en una muerte
con asalto a farmacia.

Con qué ley condenarte
si somos juez y parte
todos de tus andanzas.
Sigue con tus movidas
reina, pero no pidas
que me pase la vida
pagándote fianzas.

Ahora es demasiado tarde, princesa
Búscate otro perro que te ladre, princesa.
Manual para héroes o canallas

Aprender a reírse torvamente
a mirar de reojo en los bautizos
a negar el asiento a las señoras
a orinar dibujando circulitos.

Aprender a fruncir el entrecejo
a enfadar a las monjas y a los niños
a poner zancadillas al guardia urbano
a escupir sin piedad por un colmillo.

Preferir la navaja a la pistola
el vino peleón al jerez fino
el infame pañuelo a la corbata
una venus de Murcia a la de Milo.

Aprender a cortarse la cabeza
a vestir negro luto los domingos
a decir palabrotas en los trenes
a jugar al parchís con los bandidos.

Apurar los licores del fracaso
trasladarse a vivir al barrio chino
propagar mil rumores alarmantes
aprender a ser malo y fugitivo.
Gulliver

Un día
los enanos se rebelarán
contra Gulliver.
Todos los hombres de corazón diminuto
armados con palos y con hoces
asaltarán al único gigante
con sus pequeños rencores, con su bilis,
con su rabia de enanos afeitados y miopes.

Pobre de ti, Gulliver,
el día que todos los enanos
unan sus herramientas y su odio,
sus costumbres, sus vicios, sus carteras,
sus horarios...
No podrán, no podrán,
no podrán perdonarte que seas alto.

Para ellos la generosidad no es más que un lujo que no pueden pagarse,
viven alimentados por la envidia que los habita en forma de costumbre,
míralos revolverse recelosos tras sus gafas de concha.

Te acusarán
de ser el tuerto en el país de los ciegos
de ser quien habla en el país de los mudos
de ser el loco en el país de los cuerdos
de andar en el país de los cansados
de ser el sabio en el país de los necios
de ser el malo en el país de los buenos
de divertirte en el país de los serios
de estar libre en el país de los presos
de estar vivo en el país de los enanos
de ser la voz que clama en el desierto.
Güisqui sin soda (sexo sin boda)

Sólo cumplo años los años bisiestos que acaban en dos,
gasto más que gano, vivo con lo puesto menos un botón,

no tengo costumbre de guardar la ropa si voy a nadar,
nunca le hago ascos a la última copa ni al próximo bar,

vendí por amores y no por dinero mi alma a Belcebú
y de las dos majas de Goya prefiero la misma que tú.

¿Qué voy a hacerle yo,
si me gusta el güisqui sin soda,
el sexo sin boda,
las penas con pan?

¿Qué voy a hacerle yo,
si el amor me gusta sin celos,
la muerte sin duelo,
Eva con Adán?

Opino con Sade que al deseo los frenos le sientan fatal,
nunca entiendo el móvil del crimen, a menos que sea pasional.

Si estrené algún himen, si rompí algún plato en mi mocedad,
hoy, ta retirado, sólo robo y mato por necesidad.

Siempre que la muerte viene tras mi pista me escapo por pies,
hay que estar al loro si eres trapecista y saltas sin red.

¿Qué voy a hacerle yo,
si me gusta el güisqui sin soda,
el sexo sin boda,
las penas con pan?

¿Qué voy a hacerle yo,
si el amor me gusta sin celos,
la muerte sin duelo,
Eva con Adán?
Cuando era más joven

Cuando era más joven viajé en sucios trenes que iban hacia el norte
y dormí con chicas que lo hacían con hombres por primera vez,
compraba salchichas y olvidaba luego pagar el importe.
cuando era más joven me he visto esposado delante del juez.

Cuando era más joven cambiaba de nombre en cada aduana,
cambiaba de casa, cambiaba de oficio, cambiaba de amor;
mañana era nunca y nunca llegaba pasado mañana,
cuando era más joven buscaba el placer engañando al dolor.

Dormía de un tirón cada vez que encontraba una cama,
había días que tocaba comer, había noches que no,
fumaba de gorra y sacaba la lengua a las damas
que andaban del brazo de un tipo que nunca era yo.

Pasaron los años, terminé la mili, me metí en un piso,
hice algunos discos, senté la cabeza, me instalé en Madrid,
tuve dos mujeres pero quise más a la que más me quiso,
una vez le dije "¿te vienes conmigo?" y contestó que sí.

Hoy como caliente, pago mis impuestos, tengo pasaporte,
pero algunas veces pierdo el apetito y no puedo dormir
y sueño que viajo en uno de esos trenes que iban hacia el norte.
cuando era más joven la vida era dura, distinta y feliz.
El joven aprendiz de pintor

El joven aprendiz de pintor que ayer mismo
juraba que mis cuadros eran su catecismo
hoy, como ve que el público empieza a hacerme caso,
ya no dice que pinto tan bien como Picasso.

En cambio la vecina que jamás saludaba
cada vez que el azar o el ascensor nos juntaba
vino ayer a decirme que mi última novela
la excita más que todo Camilo José Cela.

Y qué decir del manager audaz y decidido
que no me recibió, que siempre estaba reunido,
hoy, moviendo la cola, se acercó, como un perro
a pedir que le diéramos vela en este entierro
y yo le dije: no,
no no no no no no no,
ya está marchita
la margarita
que en el pasado
he deshojado
yo.

El torpe maletilla que hasta ayer, afirmaba
que con las banderillas nadie me aventajaba,
ahora que corto orejas y aplauden los del siete
ya no dice que cinto tan bien como Antoñete.

La propia Caballé, que me negó sus favores,
la diva que pasaba tanto de cantautores,
llamó para decirme "estoy en deuda contigo,
mola más tu Madrid que el aranjuez de Rodrigo".

Y qué decir del crítico que indignado me acusa
de apostar demasiado a la ruleta rusa,
si no hubiera arriesgado tal vez me acusaría
de quedarme colgado en calle Melancolía,
y eso sí que no,
no no no no no no no,
ya está marchita
la margarita
que en el pasado
he deshojado
yo.
Rebajas de Enero

Huyendo del frío busqué en las rebajas de enero
y hallé una morena bajita que no estaba mal,
cansada de tanto esperar el amor verdadero
le dio por poner un anuncio en la prensa local.

"Absténganse brutos y obsesos en busca de orgasmo",
no soy dado a tales excesos, así que escribí,
"te puedo dar todo -añadía- excepto entusiasmo",
nos vimos tres veces, la cuarta se vino a dormir.

Apenas llegó
se instaló para siempre en mi vida,
no hay nada mejor
que encontrar un amor a medida.

Como otras parejas tuvimos historias de celos,
Historias de gritos y besos, de azúcar y sal;
un piso en Atocha no queda tan cerca del cielo
y yo, la verdad, nunca he sido un amante ideal.

Y, contra pronóstico, han ido pasando los años,
tenemos estufa, dos gatos y tele en color,
si dos no se engañan, mal pueden tener desengaños,
emociones fuertes... buscadlas en otra canción.

Apenas llegó
se instaló para siempre en mi vida,
no hay nada mejor
que encontrar un amor a medida.
40 Orsett Terrace

Me levanto, bostezo, vivo, almuerzo,
me lavo, silbo , invento, disimulo,
salgo a la calle, fumo, estoy contento,
busco piso, hago gárgaras, calculo.

Me emborracho, trasnocho, llego tarde,
duermo de lado, hablo conmigo, lloro,
leo un libro, envejezco, voy al baile,
sudo tinta, suspiro, me enamoro.

Llueve, me abrazan, no doy pie con bola,
anochece, me compro una camisa,
este verso no pega ni con cola,
doy consejos, me rasco, tengo prisa.

Escupo, voy al cine, me cabreo,
escribo, me suicido, resucito,
afirmo, niego, grito, dudo, creo,
odio, amo, acaricio, necesito.

Te recuerdo, te busco, te maldigo,
digo tu nombre a voces, no te veo,
te amo, ya no se lo que me digo
te deseo, te deseo, te deseo.
Inventario

Las cosas que me dices cuando callas
los pájaros que anidan en tus manos
el hueco de tu cuerpo entre las sábanas
el tiempo que pasamos insultándonos.

El miedo a la vejez, los almanaques
los taxis que corrían despavoridos
la dignidad perdida en cualquier parque
el violinista loco, los abrigos.

Las lunas que he besado yo en tus ojos
el denso olor a semen desbordado
la historia que se mofa de nosotros
las bragas que olvidaste en el armario.

El espacio que ocupas en mi alma
la muñeca salvada del incendio
la locura acechando agazapada
la batalla diaria entre dos cuerpos.

Mi habitación con su cartel de toros
el llanto en las esquinas del olvido
el tren que se enterpuso entre nosotros
el hijo que jamás hemos tenido.

El tiempo del dolor, los agujeros
el gato que maullaba en el tejado
el pasado ladrando como un perro
el exilio, la dicha, los retratos.

La lluvia, el desamparo, los discursos
los papeles que nunca nos unieron
la redención que busco entre tus muslos
tu nombre en la cubierta del cuaderno.

Tu modo de abrigarme el corazón
la celda que ocupaste en una cárcel
mi barca a la deriva , mi canción
el bramido del viento entre los árboles.

El silencio que esgrimes como un muro
tantas cosas hermosas que se han muerto
el tiránico imperio del absurdo
los oscuros desvanes del deseo.

El padre que murió cuando eras niña
el beso que se pudre en nuestros labios
la cal de las paredes, la desidia
la playa que habitaban los gusanos.

El naufragio de tantas certidumbres
el derrumbe de dioses y de mitos
la oscuridad en torno como un túnel
la cama navegando en el vacío.

El desmoronamiento de la casa
el sexo rescatándonos del tedio
el grito que horadó la madrugada
el amor como un rito en torno al fuego.

El insomnio, la dicha, las colillas
el arduo aprendizaje del respeto
las heridas que ya ni Dios nos quita
la mierda que arrastramos sin remedio.

Todo lo que nos dieron y quitaron
los años transcurridos tan deprisa
el pan que compartimos, las caricias
el peso que llevamos en las manos.

De lo que queda por cantar. Cinco canciones inéditas.

HAY MUJERES que arrastran maletas cargadas de lluvia,
hay mujeres que nunca reciben postales de amor,
hay mujeres que sueñan con trenes llenos de soldados,
hay mujeres que dicen que sí cuando dicen que no.

Hay mujeres que bailan desnudas en cárceles de oro,
hay mujeres que buscan deseo y encuentran piedad,
hay mujeres que atadas de manos y pies al olvido,
hay mujeres que huyen perseguidas por su soledad.

Hay mujeres veneno,
hay mujeres imán,
hay mujeres consuelo,
hay mujeres puñal.

Hay mujeres que tocan y curan, que besan y matan,
hay mujeres que ni cuando mienten dicen la verdad,
hay mujeres que abren agujeros negros en el alma,
hay mujeres que empiezan la guerra firmando la paz.

Hay mujeres envueltas en pieles sin cuerpo debajo,
hay mujeres en cuyas caderas no se pone el sol,
hay mujeres que van al amor como van al trabajo,
hay mujeres capaces de hacerme perder la razón.

Hay mujeres veneno,
hay mujeres imán,
hay mujeres consuelo,
hay mujeres puñal.
DESNUDA se sentía igual
que un pez en el agua,
vestirla era peor
que amortajarla.

Me enseñó varias cosas:
a querer a mi cuerpo,
a jugarme la vida
y a mirar a la cara.

No quise retenerla,
¿de qué hubiera servido
deshacer las maletas
del olvido?

Pero no sé qué diera
por tenerla ahora mismo
mirando por encima
del hombro lo que escribo.

Con ella descubrí que hay amores eternos
que duran lo que dura un corto invierno.
COMO un perro que lame o ladra sin motivo,
el tiempo besa y gasta, parece que fue ayer
y ayer hizo catorce veranos que ya vivo
aquí en la torre de Babel.

La noche que llegué se siucidó un payaso
y la noche siguiente me hicieron aprender
que no es aconsejable amar sin marcapasos
aquí en la torrede Babel.

Quiero decir que anduve, lo mismo que cualquiera,
en busca de unas manos, en busca de una piel
que entre tantos idiomas el mío comprendiera
aquí en la torre de Babel.

Laberinto de espejos, callejón sin salida
donde baila el azar su negro minué,
cada vez que la bolsa sube baja la vida
aquí en la torre de Babel.

Algún dios aburrido ideó esta manera
de darse contra el muro, de morirse de sed,
algún diablo alcohólico dejó que me perdiera
aquí en la torre de Babel.

Barrio chino del mundo, bulevar de Sodoma,
¿por qué nadie me dijo: chaval, escápate?
No hay billete de vuelta una vez que se toma
el tren que lleva hasta Babel.

Todavía queda un viejo hippie loco que cuenta
a los niños del barrio que algunas noches ve
estrellas cancerosas desde el piso cuarenta
aquí en la torre de Babel.
DE PRONTO alguna tarde
te pasan calidad y de repente
los bulevares arden,
la piel recibe un telegrama urgente.

Los bares y los rostros
fascinan un instante, luego mueren;
asómate a mis ojos
si aún no has comprendido lo que quieren.

Los cuerpos que me clavan
sus codos y su prisa son de hielo,
la noche se derrama
sin dejarme probar su caramelo.

Acabo vomitando
en los lavabos de un antro moderno;
un grupo está tocando
rock and roll a las puertas del infierno.

Basta de urgencias, carne sin sexo,
dame, dame música idiota,
labios de menta, ojos de tedio,
na na na na nadie se toca.

El club del desengaño
de madrugada está superpoblado,
la sombra de un extraño
planeta sobrevuela los tejados.

El grueso de la tropa
se afeita para ir a la oficina,
los jefes van de coca,
los curritos de tinto y aspirinas.

Basta de urgencias, carne sin sexo,
dame, dame música idiota,
labios de menta, ojos de tedio,
na na na na nadie se toca.
A TI, que te lo haces
de baile de disfraces
cada día,
a ti, que te lo montas
de niña tonta
en medio de una orgía.

A ti, que me has ganado
con un naipe marcado
la partida,
a ti, que te has colado
en el coto privado
de mi vida.

A ti, que aún no sabes
los besos que te caben
en la boca,
a ti, que has comprendido
que a veces el olvido
se equivoca.

A ti, dulce enemiga,
hermana de fatigas
y derrotas,
vecina de la ausencia,
destino de la urgencia
de mis notas.

A ti, que vas deprisa
por miedo a que la risa
se marchite,
a ti, que te diviertes
jugando con la muerte
al escondite.

a ti que has construido
el árbol de tu nido
en mi tejado,
a ti que has dirigido
la flecha de Cupido
a mi costado.

miércoles 26 de septiembre de 2007

De sus márgenes

Eso será poesía

León Felipe

Sentarse ante una mesa
coger papel y pluma
encender un pitillo
elegir al azar un libro del estante
acariciar con indolencia el lomo
recostar cuidadosamente la mejilla
en el dorso de la mano
el codo en el tablero
en actitud pensante
cagarse en las palabras
poner algo de Mozart a ver si echa una mano
recordar un domingo con sol tras los visillos
decir tres veces mierda
levantarse con furia
bajar las escaleras
abrir la puertecilla del retrete
arrojar el papel hecho una bola
tratar de mear dentro
como exige el letrero en tres idiomas
decir amén jesús
abotonarse.


Cuatro de la madrugada


He aquí mi casa:
mis cuadros, mis papeles,
mis macetas: el espacio
salvado de la selva.

Harta ya de esperarme,
Lucía duerme
con la luz encendida
y la cabeza hundida
en la almohada.

Yo soy esa sombra
que abre la puerta sigilosamente,
se quita los zapatos y la ropa
y se desliza dentro de la cama.

UN DÍA
el vecino de la casa de enfrente
desapareció, dejando una mujer joven
cargada de chiquillos.

Cada mañana
cuando a medio vestir descorro las cortinas
y me desperezo,
la mujer del vecino de la casa de enfrente
desde el balcón me clava sus grandes ojos tristes
empapados de deseo.

Bastaría un gesto suyo
para tenerme en su cama cada noche,
pero si nos cruzamos por la calle
la mujer del vecino de la casa de enfrente
ni siquiera me saluda.

Como es una esposa respetable
la mujer del vecino de la casa de enfrente
se morirá sin decirme una palabra.

Yo
al menos
le escribo
este poema.
Apología del terrorismo

Obedece el proverbio
y siéntate a esperar
que pase tu enemigo.

Cuando a tu altura llegue
tiras de parabellum
y aprietas el gatillo.


(No será tan poético
pero es más efectivo.)
QUE NUESTRO abrazo
no apuntale el mundo
sino que colabore a destruirlo.
TUMBADA en el sofá,
contemplando tu imagen
desnuda en el espejo,
dejando que la tarde
se te enrede en los pechos
como una mariposa,
sabiendo que el deseo
es un rojo caballo
que galo por dentro
de la sangre, dejando
que por valles de espuma
te vuele el pensamiento.

Ten cuidado, muchacha,
que hay violadores sueltos
que quieren clavar cruces
al mapa de tu cuerpo,
que el amor también tiene
sus sabios y sus necios,
sus ricos y sus pobres,
su harto, su sediento
y su legión de parias
a quien nadie da un beso.
Ten cuidado, muchacha,
que el amor también tiene,
como todo, su precio.

¿Cómo vas a ser libre
rodeada de presos,
cómo vas a poder
gritar en los desiertos,
llorar en los desfiles,
reír en los entierros?
Acuérdate del hombre
que te mira en el metro,
con la taza de un váter
en lugar de cerebro.
Así podía haber hablado Zaratustra

Con la autoridad que da el fracaso
SCOTT FITZGERALD

Después de haber padecido durante interminables años
hambre y privaciones,
después de haber sido abandonado
por decenas de mujeres
que corrieron a los brazos del triunfador de turno,
después de haber soportado con paciencia de monje
paternales consejos,
amistosas palmadas,
suficientes sonrisas,
confidencias idiotas,
vagos aplausos corteses de los instalados
en mullidos sillones,
después de haberme visto arrastrado a oficiar
de bufón en sus fiestas,
de ingenioso en sus bailes,
de profeta en su tierra,
después de haber sido repetidas veces
humillado por mediocres,
vejado por cretinos,
ignorado por insignificantes,
pisado por tramposos,
postergado por quienes, en el mejor de los casos,
os lo juro, valían
menos que yo,
después de, en fin, haber fracasado en todo
con estrépito,
he decidido por decreto ley,
solemnemente,
proclamar sin pudor QUE SOY UN GENIO
Y QUE LA HUMANIDAD NO ME COMPRENDE.
POR EJEMPLO prender fuego a los relojes que empiecen
a reírse los retratos hasta que crezcan
uñas al
olvido,
que siembre
alguien tomates en la misa un rebaño de tomates recelosos.

Por ejemplo bailar hasta desfallecer en el Pipper
club es el rock o la muerte sobreviva viva beba coca
cola en un prado verde
verde exhiba esa sonrisa sobrehumana
de juventud triunfante.

Al amanecer van ellos al trabajo desde lejanos
barrios llamados suburbiales envueltos en abrigos
boinas bufandas a cuadros chalecos de grueso punto
que la mujer tejiera entre el puchero y la caca de
Luisito guarro guarrín Luisito siempre cagándose el muy

LA MUJER te ha abandonado, hombre,
¿qué ha de servirte ahora la dialéctica,
tu retrato amarillo, tus toallas?

Ahora que sabía todo tan bien:
tu miseria y tu pan,
tus calzoncillos,
el lado en que dormías,
tus olores… y no ha de volver.

Pensar que estaba hoy todo tan a punto:
todo lavado,
todo ordenado y dispuesto
para ella,
sonando en el cassette la mejor cinta,
la que le gusta tanto,
en la basura de los rencores viejos.

¿Qué harás ahora, hombre,
con tu alma tan limpita,
tan de buenas por una vez
con el amor en orden de revista?

Anda, hombre, llora un poco
porque has sufrido tanto,
casi las doce ya…
y se demora.

AHORA que no estás
el dolor deja paso a una antigua tristeza,
va cayendo la noche,
nadie llama a mi puerta,
y me duerme el silencio como una madre buena.

Porque tampoco podemos ya volver
atrás y envilecer; nuestra belleza es
demasiado grande.
L. LOVELACE

... de nuevo crezco mucho y con desgana
y soporto la vida a contramuerte
tomando el autobús,
bebiéndome el café como si nada,
poniéndome el abrigo si hace frío,
y arrastro todavía a solas las palabras
como un pesado fardo de cosas aprendidas
llenas en otro tiempo de besos y de pájaros;
y prosigo el camino hacia otras manos
que me inventen un cuerpo hecho a tu imagen,
en pos de esa inocencia del deseo y la saliva
más envidiable que la sabiduría,
hasta que el amanecer,
olvidado de su nombre,
no encuentre ya más noche de la que
rescatarnos.

LA PLAYA tiene
arena de plástico
y conchas de hojalata.
Cuando el sol quema demasiado
aprietas un botón
y se apaga.

En el museo marítimo
vimos peces disecados
y una gaviota metida
en una jaula.

(Me lo dijo Pérez
que estuvo en Mallorca.)

ESE MOMENTO de la madrugada
cuando ya se ha bebido todo el vino del mundo
y no queda en el alma más que el terco deseo
de dormir abrazado a un cuerpo conocido.

Nada hay en las calles
que llene el corazón; lo sabes
y no obstante
un día y otro vuelves
a ellas respondiendo a la voz
de una oscura llamada, buscando
acaso sólo renovar el calor del regreso
a la casa y a la mujer que espera.

Pero no. Que mañana
lo que nunca encontraste
puede estar aguardando por ti en cualquier esquina.