Sea piadoso el lector con estos textos que, mucho me temo, separados contranatura de las melodías que les sirvieron de soporte, van a quedarse un tanto desabridos, como puchero de pobre. Es bien sabido que un buen poema no puede ser (y, con frecuencia, no es) una buena letra de canción. Y viceversa, que es el caso.
Pues bien, habiendo dedicado los últimos diez años a escribir canciones, a cantarlas en el escenario, a editarlas en disco, verlas ahora agrupadas en este libro me produce una perplejidad (y también una excitación) sólo comparable a la de Rodrigo de Triana en el momento de divisar el nuevo continente entre la bruma. Sospecho que no faltará quien, en el mejor de los casos, encuentre este volumen prescindible; otros, más aviesos, lo hallarán petulante. Puede que sea ambas cosas, y algunas más. Pero me lo pidió Luis García Montero, que es "mi compa", y se edita en Granada que es mi paraíso perdido (reencontrado ahora) y el diseño es de Juan Vida y...
Naturalmente que el título es también una coartada, y esto, más que un prólogo, es eso que se llama "curarse en salud". He seleccionado ("de lo cantado") no lo mejor, sino lo "más legible", una vez asilado de la música; ojalá el lector vuelva a unir, en su cabeza, lo que acaso nunca debió separarse: hay algunas letras inéditas ("delo no cantado todavía") y otras (pocas) que han cambiado con respecto a su versión discográfica. Por fin, el puñado de textos que cierra el libro ni llegaron en su día a ser canciones ni apiran a pasar, ahora, por poesía; son exactamente lo que su nombre indica, es decir, versos nacidos "en los márgenes" del papel pautado, ejercicios juguetones para liberar un poco la imaginación y la pluma del estrecho, del implacable corsé (ritmo, rima, estribillo, etc.) que el género canción exige. Con ellos no pretendo tener "de poeta la gracia que no quiso darme el cielo" sino, más bien, proporcionar al aficionado algunos materiales marginales y distintos a los que ya conoce por los discos y, de paso, colarme en bicicleta por la puerta falsa en las librerías; embuido en este hermoso maillot amarillo que me viene más bien grande.
Lo del árbol y el hijo... para más adelante.
Granada, noviembre, 1985